Las Palmas de Gran Canaria (9-6-2010).- Los errores de medicación son los que más se producen en el paciente pediátrico, y más específicamente en recién nacidos, debido a las características especiales de este colectivo, que les hace, además, ser el grupo de mayor riesgo, según ha asegurado el doctor Adolf Valls i Soler, jefe clínico de la Unidad Neonatal del Hospital de Cruces de Baracaldo y catedrático de Pediatría de la Universidad del País Vasco/EHU, que participa el LIX Congreso de la Asociación Española de Pediatría celebrado en las Palmas de Gran Canaria.
'Los fallos más frecuentes se producen ya que hay muy pocos medicamentos específicamente desarrollados para niños, de modo que se calculan las dosis individualizadas por peso y edad a través de procesos matemáticos, lo que en numerosas ocasiones induce a error', ha comentado este experto.
De esta manera, ha señalado que otros errores frecuentes derivan de la prescripción de una medicación inadecuada, usar una vía errónea de administración, el desconocimiento de las interacciones farmacológicas entre los diferentes medicamentos, la ausencia de control de los efectos adversos del fármaco, y por último, una comunicación inadecuada entre el médico y otros profesionales sanitarios. 'Este tipo de errores --ha añadido-- pueden producirse en cualquier momento desde que se genera la orden médica hasta que el niño recibe la medicación'.
'Son pacientes tan vulnerables que cualquier pequeño error puede tener en ellos unas consecuencias mucho más graves que en los adultos', ha agregado mientras ha explicado que en la prevención de los incidentes más frecuentes y en aumentar la seguridad, es fundamental 'establecer sistemas operativos y procesos que minimicen las probabilidades de errores y maximicen las probabilidades de interpretarlos correctamente cuando ocurran'.
Este experto también ha señalado que en el ámbito hospitalario es posible reducir y minimizar al máximo el riesgo de error a través de distintas estrategias de prevención que implican a todo el personal sanitario. En el caso de los profesionales, según este especialista, 'son necesarios programas que mejoren la prescripción de medicamentos, ejemplos básicos del cálculo de las dosis, utilización de las mismas siglas para todos los miembros de equipo, así como programas que mejoren la comunicación entre el médico y el resto del personal sanitario'.
Un área de mejora concreta es la prescripción. 'El profesional debe evitar la utilización de abreviaturas de los nombres de los fármacos y de las unidades de dosificación, así como especificar la potencia exacta de la dosis y asegurarse de que las instrucciones recomendadas son precisas y de que la caligrafía empleada es legible', ha afirmado.
En cuanto a las instituciones, ha expuesto que es necesario que 'establezcan un sistema claramente definido para la prescripción, dispensación y administración de los fármacos, disponer de dosificación estándar para diferentes pesos en las medicaciones que se utilizan en situaciones de emergencia, un etiquetado claro de los fármacos y de los productos utilizados en la nutrición, así como evitar en la medida de lo posible las órdenes verbales que pueden inducir a error'.